El mundo de las criptomonedas ha crecido a pasos gigantes durante los últimos 2 años. Sin embargo, este crecimiento ha tenido también consecuencias que han ido más allá de los temas puramente económicos y tecnológicos.
Aunque la oportunidad de tener una moneda descentralizada y segura es una ventaja mayor, lo cierto es que el diseño de las criptomonedas también ha generado roces con otros sectores de la sociedad. De estos, tal vez uno de los mayores detractores es el sector preocupado por el impacto ambiental de las criptomonedas.
Esto abarca desde preocupación por el consumo energético hasta la producción acelerada de residuos electrónicos que luego son difíciles de reciclar. Aunque las tecnologías que acompañan la creación de criptomonedas –como blockchain– se han propagado para innovar a otros sectores, ahora es el turno de las criptomonedas para repensarse y lograr integrar las demandas de un mundo cada vez más digital, pero a la vez más consciente del impacto que tienen en el planeta Tierra.
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Estadísticas y realidades
Como dijimos en nuestra entrega anterior, la gran mayoría de las criptomonedas que son compradas y vendidas cada día tienen que venir de algún lado. Estas monedas son obtenidas en un proceso que se llama ‘minería’, en el que los participantes verifican las transacciones del blockchain a la vez que intentan ser los primeros en obtener la respuesta correcta a retos relacionados con los procesos que se realizan en las bases de datos y ser recompensados con monedas (como bitcoin o ethereum, entre otras).
A medida que se encuentran respuestas correctas, el sistema intenta ajustarse para que no haya una saturación de monedas. Esto se traduce en que llegar a soluciones correctas se vuelve más difícil, y la forma más fácil que tienen los mineros para compensar esto es agregando más poder computacional.
Dado que la minería se puede realizar con tarjetas gráficas o con Asic –hardware dedicado–, esto significa que en ocasiones se tienen cientos o miles de tarjetas gráficas trabajando 24/7 para encontrar criptomonedas.
Imagen: Statista
El problema es que estas tarjetas consumen bastante energía, especialmente si son utilizadas por largos periodos de tiempo. China, por ejemplo, representa el 65 % del poder computacional de la minería de bitcoin actual; el problema es que mucha de esta energía viene de la quema de carbón (recordemos que China representa el 28 % de las emisiones globales de carbono). El incremento del precio en bitcoin ha significado también un incremento en la minería, lo que ha elevado el consumo energético a niveles nunca antes vistos.
Según el reporte ‘Los pequeños secretos de Bitcoin’, publicado por Bank of America en marzo de 2021, las emisiones de carbono de bitcoin aumentaron en 40 millones de toneladas en los últimos 2 años. De hecho, si el consumo de energía anual de bitcoin fuera sumado y comparados con el de los países, estaría por encima de naciones como Chile y Grecia. Según el estudio, una transacción de bitcoin equivalente a 1.000 millones de dólares está dejando aproximadamente 5,4 millones de toneladas de dióxido de carbono.
Estas cifras son corroboradas por entidades como la Universidad de Cambridge, que ha medido el consumo desde 2014. En su análisis se puede ver que apenas en mayo se llegó a 500 terawatts consumidos cada hora dedicados a la minería de bitcoin. De este consumo, apenas el 39 % proviene de fuentes de energía renovables.
A esto se le suma la realidad de que, si bien las criptomonedas son digitales, se requiere de hardware para obtenerlas. Muchas de las granjas de minería de bitcoin utilizan hardware especializado, lo que significa que una vez descartado este hardware va a parar a la basura. En muchos casos, el hardware dedicado a consumidores va a parar a las manos de mineros, lo que ha exacerbado la actual escasez de chips de computadores.
Lo que dicen los mercados
Esta incertidumbre en las criptomonedas ha provocado que compañías que invierten en la tecnología –como Tesla–, sean forzadas a dar un paso atrás y pensar 2 veces antes de aceptarlas.
Sin embargo, hay quienes no están de acuerdo con esta posición. “Es absolutamente absurdo lo que están hablando”, dice Bryan Benson, gerente de Operaciones para América Latina de Binance. Según él, es injusto hablar de la huella del carbono de las criptomonedas pero no pensar en el impacto ecológico de monedas como el dólar o el peso.
Esta es una consideración válida, pero la naturaleza distinta de las monedas físicas y digitales hace que compararlas sea difícil. Con esto en mente, según un análisis de CoinDesk, la impresión de 200.000 millones de billetes a nivel global resulta aproximadamente en 3,2 millones de toneladas de CO2 producidas y 10.000 millones de litros de agua. Acá, sin embargo, entidades gubernamentales han empezado un cambio hacia billetes fabricados en polímero, lo que potencialmente reducirá su impacto ambiental.
“Bitcoin, por todo lo malo que dicen, yo creo que sí requiere energía, pero entre más energía consume, más segura es la red. Y eso es lo que haces, convertir la energía en dinero seguro, que le da más incentivo a los que producen energía”, asegura.
En el año 2019, CoinShares –una firma de investigación abiertamente procriptomonedas– encontró que 74,1 % de la electricidad consumida por bitcoin provenía de fuentes renovables. Esto, según ellos, hace que bitcoin sea ‘más impulsada por las energías renovables que casi cualquier otra industria a gran escala del mundo’. Esta cifra contrasta fuertemente con el 39 % señalado por la Universidad de Cambridge, lo que ha llevado a fuertes debates sobre la validez del estudio.
De la misma forma, en algunos casos se están explorando soluciones para reutilizar energía. Según CoinDesk, el gigante petrolero Equinor está pensando en invertir en tecnología de minería. Al momento de hacer perforaciones petroleras se libera gas natural que se quema y va a la atmósfera. La meta es convertir este gas en electricidad para aprovechar esa energía y hacer minería de bitcoin.
¿Qué se está haciendo?
Más importante que apuntar dedos y acusar, la salida a esta crisis está en buscar alternativas que no solo sean más amigables con la Tierra, sino que tampoco sacrifiquen los avances que han traído las criptomonedas. Michael Saylor, fundador y CEO de MicroStrategy, aseguró que 2021 es el año en el que las operaciones de minería de bitcoin invertirán capital importante en el desarrollo de tecnologías renovables y sostenibles.
A key theme of 2021 is #Bitcoin mining companies coming public in the US, channeling Wall Street capital to support sustainable energy development, enhance grid reliability & efficiency, improve network security & strengthen institutional support for BTC.https://t.co/kaHqHYNnnJ
— Michael Saylor (@michael_saylor) July 12, 2021
“Un tema clave de 2021 es la salida a bolsa de las empresas mineras de #Bitcoin en EE.UU., canalizando el capital de Wall Street para apoyar el desarrollo energético sostenible, mejorar la fiabilidad y la eficiencia de la red, mejorar la seguridad de la red y fortalecer el apoyo institucional a BTC”.
Una de las soluciones sencillas es la de mover operaciones de minado a países o estados que tengan más energías renovables. De la misma forma, otros reportes resaltan que esta preocupación por el impacto ambiental puede ser beneficiosa a largo plazo, ya que impulsará la adopción de energías renovables para poder nutrir los esfuerzos que hace la industria de bitcoin para mantenerse a flote.
Por otro lado, las soluciones también están por el lado del software. Ethereum, la criptomoneda que ha implementado funciones como la de los NFT –Non-fungible token–, ha optimizado su operación en los últimos años para hacerlo más eficiente y reducir el consumo energético, llegando a reducirlo en 99 % para el año 2019. Sin embargo, actualmente los desarrolladores de la criptomoneda planean cambiar por completo el modelo de minería para deshacerse casi totalmente de las limitaciones de hardware.
Este sistema se conoce como POS –proof of stake–. A diferencia del modelo actual, en el que las operaciones en blockchain deben ser descifradas, en proof of stake las monedas ether reemplazan el hardware. Los interesados en ser verificadores deben ‘invertir’ un mínimo de 32 ETH; entre más se invierte, más posibilidades tienen de ser elegidos. Esta elección se hace al azar, y la persona elegida se vuelve la encargada de verificar el siguiente paquete de transacciones en el blockchain y recibe un pago pequeño como recompensa.
Sin importar de donde venga, lo cierto es que las criptomonedas actualmente están en el proceso de reinventar sus procesos para ajustarse mejor a las demandas de un público cada vez más consciente de nuestro impacto en el planeta Tierra. Es innegable la revolución que han significado las criptomonedas en muchos de nuestros sistemas actuales, pero la innovación y el desarrollo no pueden existir a costa del medio ambiente.
Imagen principal: Photo by Executium en Unsplash